jueves, 18 de junio de 2009

CARPENTIER SE INVENTA UNA PINTORA Por Ernesto Pérez Castillo

Nada hay nuevo bajo el sol. La afirmación, muy vieja en sí misma, lleva el peso de una montaña: vano será recordar que ciertas situaciones de lo cotidiano se nos parecen, en demasía, a otras vividas con anterioridad.
Para ello se estableció el término déjà vu (en francés: ya visto), que se refiere a la fuerte sensación, ante un evento o una experiencia nueva, de haberla sentido o vivido con anterioridad. Fue acuñado por el investigador psíquico francés Émile Boirac (1851-1917), en su libro L'Avenir des sciences psychiques (El futuro de las ciencias psíquicas).
Mas, los déjà vu no son privativos del mundo real. En la literatura, con harta frecuencia, pasajes de una obra nos recuerdan personajes o conflictos de otra. Y no hablo de fraudulentos plagios, sino de piezas claves de la cultura universal que, al ir en busca de las esencias humanas, rozan inevitables las vetas de algo creado con años, o incluso siglos, de distancia.
Aquí contaré un déjà vu que hube de vivir, y que tiende un puente entre la literatura y las artes pláticas. Me sucedió leyendo el Concierto barroco de nuestro Alejo Carpentier.
La novela se inicia con una magistral descripción de la casa del protagonista, y de esa descripción me prendó especialmente el fragmento que sigue:
«Más allá, en un pequeño salón que conducía a la butaca barbera, aparecían tres figuras debidas al pincel de Rosalba pittora, artista veneciana muy famosa, cuyas obras pregonaban, con colores difuminados, en grises, rosas, azules pálidos, verdes de agua marina, la belleza de mujeres tanto más bellas por cuanto eran distantes. Tres bellas venecianas se titulaba el pastel...»
Confieso que tomé demasiado en serio a Carpentier, y durante años quise ver ese cuadro. Lo busqué en cuanto catálogo renacentista cayó en mis manos, sin hallarlo nunca, ni encontré jamás la más mínima referencia a una artista llamada Rosalba Pittora.
En aquel momento de mi obsesión no existía Internet, mas, ahora que estas líneas apuro, acabo de copiar el nombre en Google, y el buscador me devuelve apenas cinco links con ese nombre, y todos remiten a la obra carpenteriana. O sea, apoyándome en lo que dice una amiga –si no está en Internet, no existe– casi puedo certificar que sin dudas la Rosalba Pittora de Carpentier es solo una fantasía.
¿Dónde experimento entonces mi déjà vu?
Pues muchos años después, frente a la edición cubana de 1966 del Pequeño Larousse Ilustrado –que en muchas casas de la Isla aun se puede ver, y que a falta de más, era como la Internet de antes–, me tropecé en sus páginas, mientras buscaba cualquier otra cosa, con una pequeña reproducción, en blanco y negro, de una pintura titulada Tres cabezas de bandidos. Su autor era Salvatore Rosa. El flechazo, el déjà vu, fue inmediato. Aunque, como todos lo son, también era irracional.
El cuadro de los bandidos es sombrío, lúgubre, tenebroso, y en cambio el de las venecianas, según Carpentier, tenía «colores difuminados, en grises, rosas, azules pálidos, verdes de agua marina». Carpentier nos induce a pensar que las venecianas eran bellas, mientras los bandidos se ven horribles. Los bandidos los pintó un hombre, las venecianas una mujer… Nada nos llevaría a sospechar relación alguna entre ambas obras, salvo que las dos representan tres figuras humanas, pero de modos tan totalmente opuestos, antagónicos hasta la saciedad. Quizá… precisamente por tanto antagonismo, si uno es suspicaz, puede que presienta de inmediato el gato encerrado.
Y ese fue mi caso.
Busqué información sobre Salvatore Rosa. ¿Quién fue este pintor? Bueno, pintor y poeta. Y actor. Y bandido. Nacido en 1615 en Arenella, y muerto en Roma en 1673, es todo un arquetipo él mismo del barroquismo, creador de farsas y espectáculos carnavalescos, interesado –en su pintura– por los paisajes fantásticos, los lugares tenebrosos y las escenas de brujería o bandoleros. Su vida daría para una novela. Y peor, su tono, su filling, se avendría muy bien en una novela sobre lo barroco, como la novela de Carpentier. Qué sospechoso…
Más sospechoso resultó el asunto cuando, por la cercanía fonética de su nombre con el de la Rosalía Pittora, me dio por jugar con él, e invertirlo. Así, de SALVATORE ROSA, obtuve ROSA SALVATORE. Hummm… Junté el nombre y apellidos invertidos, y salió ROSASALVATORE... eliminé una de las dos silabas SA, y quedó ROSALVATORE... ¡Oh, aquí aparece ROSALVA, basta separar el TORE final, y tenemos a ROSALVA TORE…
¿Qué le falta a este nombre nuevo para ser el de la supuesta pintora ROSALVA PITORA? Pues, solo tres cosas. Primero, una simple, afeminar el apellido TORE, sustituyendo su E final, por una A. Ya está, ahora es ROSALVA TORA.
Lo segundo: si duplicamos sus T, lo italianizamos un poquito más, y será ROSALVA TTORA, y también cambiar la V por B, obviamente. Ya tenemos a ROSALBA TTORA
Lo tercero: añadir una sílaba a su comienzo, y no una sílaba cualquiera, sino justo aquella que casi todo el mundo conoce, y que representa las 3.1416 veces que cabe el diámetro en el perímetro de toda circunferencia, la más popular de todas las constantes matemáticas, PI… y ya volvimos a crear a la ROSALBA PITORA que, apuesto, solo existió en la pinacoteca imaginaria y personal de Alejo Carpentier.
Me dirán que todo esto no es más que pura especulación, pero, como dicen los italianos, “si no e vero, e ben trovato…”

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que tienes razón: si no está en el internet no existe. Lo interesante es que ahora tu entrada aparece como la primera entre esas cinco que salen cuando buscas "Rosalba pittora" en Google y así conozco tu deja vú literario.
Saludos

Ernesto Perez Castillo dijo...

que cosa tan curiosa no? de pronto, como ya aparece en internet, quiza ya existe pues la doña pittora... jajaja

Juancarfagot dijo...

Pues parece que somos varios los que llegados al párrafo de la pintora Rosalba, detenemos la lectura y vamos raudos en busca de tamaña belleza. Un verdadero acierto de Alejo.

Ernesto Perez Castillo dijo...

bueno, Juancarfagot, al menos tenemos el aquello de no estar solos en la idea, y eso siempre esta bien...

David Valenzuela dijo...

Bien lo busque y llegue acá...después vi los cuadros...
PD: el robot de google da mucha importancia a la originalidad

Anónimo dijo...

"Rosalba Pittora" sí existió: se trata de Rosalba Carriera (Venecia, 1675-1757).
Un saludo.

!Jolin con la cubana dijo...

bueno, hace ya casi dos años del ultimo comentario. Yo también he querido buscar en Google a la tal pintora y me encuentro con tu Blog. Considero muy interesante la busqueda que has hecho de los nombres etc... Y leyendo el ûltimo comentario, visto en google que "tres bellas venecianas" es un cuadro ficticio atribuido a Rosalba Carreira. Lo que me es curioso es ver que en el libro, el apellido de Rosalba comienza con minuscula, "pittora", y en todas las ediciones.